jueves, 21 de febrero de 2008

Introducción a 2 escritos sobre ópera

La ópera ha sido clasificada como un género de la música clásica, sin embargo las convenciones respecto de su tipificación le son ajenas, e incluso perjudiciales, ya que la llevan a un estado de simplificación casi
Insultante.
En principio, la ópera no puede considerarse un género, ya que solo puede ser referida consigo misma, o con sus propios orígenes, que la mayoría relaciona con la tragedia griega, y luego al intento de los renacentistas por resucitarla en el siglo XV y XVI. Pero, estas asociaciones parecen un poco fuera de lugar al verla desde la perspectiva de sus valores. En la tragedia griega la música es un acompañamiento, al igual que en la representaciones romanas en los teatros y banquetes, y en un grado parecido hacia la época renacentista. Desde mi punto de vista, la ópera como yo la conozco y la percibo, tiene sus valores puestos en la dualidad de la música y el teatro, pero en proporciones en la cual ninguno de estos queda en segundo plano, ninguno de los dos queda como un acompañamiento, sino que ambos son protagonistas de su ser obra, compleja, armónica y exaltada.
Cierto es que existen recitativos, monólogos y diálogos hablados, que alcanzan un grado máximo en algunas obras como “Bastian y Bastiana” y “Fidelio” entre otras, que en alemán han sido llamadas singspiel, pero éstos tienen su contrapunto en las sinfonías, introducciones, overturas y preludios, que cada ópera trae consigo y que Wagner produjera tan profusa y fantásticamente como es posible. Ambas, musicalidad y teatralidad, con un ánimo excitado llegan a la creación de fabulosas arias y coros.

Es por esto la necesidad de que la ópera a cada uno se nos presente con esa críptica belleza, absolutamente despojada de tipos, categorías y estilos, pero llenas de realidades laberínticas. En este momento recuerdo, que con ocasión de una pequeña caminata nocturna, haber comentado a mi buen amigo Vecino de Sócrates, sobre la importancia de la nacionalidad de los compositores de óperas, porque pensaba en el carácter de cada nación y como esta se manifestaba en las formas en que expresan esa atribulada realidad de los siglos de la edad Media y Moderna, y que el acento del momento histórico sabe resaltar. Tal vez, es por eso el individualismo que aprecio en cada compositor de ópera, que dirige la construcción de su obra con una batuta (cetro), señalando la ejecución de ésta desde su lugar prominente, que se llena de analogías de la sociedad en que vive, y que en cada sonido de un instrumento lo pudiéramos asociar a la corte o al clero, en un monarquía donde reina la aristocracia de los instrumentos.

1 comentario:

LiRio dijo...

Hola....
o olitas de mar..

bien sr. nunca nadie habia reconocido que esa declaracion de ni madre ni virgen ni buja ni esposa, solo mujer...

es una cancion!

pero siempre me preguntan de donde es... etc... y ahi cuento

y es una CANCION (bingo!!!!)
de Mauricio Redoles, llamada MUJER, del album Quimica....

cancion de mi epoca de estudiante secundario... y que el dia que me pidieron escribir una frase en 3ero medio... pa no se que tontera... la adopte..

bueno, han pasado siglos de eso

mil saludos
y le seguire la huella musical que deja por el ciber universo.